- Por María Inés Albornoz, gerente comercial de Solunion Chile
Reciamente, la ciudad de Puerto Montt se convirtió en el punto de encuentro más relevante de la industria acuícola del hemisferio sur con la realización de AquaSur. Este evento es reflejo tanto de la magnitud de un sector clave para el desarrollo del sur de Chile, como del momento de transformación que vive una industria cada vez más global, tecnológica y exigente.
La acuicultura chilena —con el salmón como uno de sus principales motores— se ha consolidado como uno de los pilares de las exportaciones del país. Solo en 2025, los envíos de salmón y trucha superaron los 6.500 millones de dólares, representando más del 6% de las exportaciones nacionales y posicionando al salmón como el segundo producto más exportado de Chile. Este dinamismo productivo también se refleja en una producción acuícola que supera 1,1 millones de toneladas anuales, y que impulsa empleo, encadenamientos productivos y desarrollo económico en regiones como Los Lagos, Aysén y Magallanes.
Sin embargo, este crecimiento también trae consigo nuevos desafíos para las empresas que forman parte de esta cadena productiva: mayor internacionalización, cadenas de suministro más complejas y un entorno económico global marcado por la volatilidad.
En este escenario, la gestión financiera y la administración del riesgo comercial se vuelven cada vez más estratégicas. A medida que las compañías del sector amplían sus operaciones, establecen relaciones con nuevos proveedores o abren mercados en el extranjero, aumenta también la exposición a riesgos asociados al crédito comercial y a eventuales incumplimientos de pago.
Para muchas empresas acuícolas —especialmente proveedores tecnológicos, logísticos o de servicios especializados— el crecimiento implica extender plazos de pago, trabajar con múltiples clientes y operar en distintos mercados. Sin una adecuada visibilidad financiera, estos factores pueden afectar la liquidez y limitar la capacidad de seguir invirtiendo e innovando.
Por eso, hoy la competitividad de la industria no depende únicamente de la eficiencia productiva o del desarrollo tecnológico. También exige herramientas que permitan gestionar el riesgo, proteger el flujo de caja y tomar decisiones basadas en información. La gestión profesional del crédito comercial y la protección frente al riesgo de impago se han convertido en aliados clave para sostener el crecimiento del sector.
Eventos como AquaSur permiten justamente generar estas reflexiones. Más allá de las innovaciones tecnológicas, las nuevas soluciones de alimentación o los avances en sostenibilidad, la feria es también un espacio para reflexionar sobre cómo construir una industria más resiliente frente a los ciclos económicos globales.
El futuro de la acuicultura chilena seguirá estando marcado por la innovación, la apertura de mercados y la consolidación de nuevos actores en su cadena de valor. Pero ese crecimiento será más sólido en la medida en que las empresas incorporen una mirada estratégica sobre la gestión financiera y el riesgo comercial.
Porque en una industria tan activa como la acuícola crecer implica visión, anticipar riesgos y fortalecer las bases que permiten sostener ese desarrollo en el largo plazo.



